El Triunfo del Bipartidismo y Patentes de Corso

 

Una vez terminada la subasta pública la que el PSOE y esos partidos nuevos, casi mesiánicos y llamados a regenerar la clase política, se han repartido los ayuntamientos y Comunidades Autónomas, podemos reflexionar con la serenidad que, además de la lejanía de la fecha electoral, da la conciencia tranquila por ser fiel a unos principios, no haberse vendido por un plato de lentejas y no tener esconderse de tus vecinos para ir a comprar el pan.

 

El pasado mayo, por mucho que algunos interesados entre los que se incluye la mayoría de la prensa de este país, los segundones en las urnas y demás perdedores; se hayan empeñado en afirmar que la corrupción pasó factura y que el bipartidismo ha muerto, lo que en verdad ha sucedido es que la corrupción se ha dividido en dos, buena y mala (como el colesterol), y que el sistema político donde el poder se lo disputan dos opciones distintas entre las que elige el votante, es el que ha salido reforzado de estas últimas elecciones.

 La corrupción socialista que reparte el dinero público entre amiguetes, véase ERES, caso Villa, Marea, Formación o Musel; no solo no ha sufrido castigo sino que en muchos casos, como el andaluz o asturiano, se ha legitimado para que nos sigan cobrando aún después de muertos,  y que unos pocos, sigan manteniendo el ácido úrico alto por culpa de tanta mariscada.

 

Desconozco si es por el oscuro deseo de que alguna vez toque algo, si porque somos el país donde se escribió Rinconete y Cortadillo de Cervantes, el Lazarillo de Tormes y el Buscón de Quevedo; o porque en los medios de comunicación, parece que la del PSOE no existe mientras se fomenta la impresión entre el electorado, que en el Partido Popular, cuando nadie mira, pegamos a viejecitas.

 

A los socialistas se les vende patentes de corso, como a los piratas del XIX, para cobrar nuestros impuestos y que una parte acabe en sus bolsillos. Por otra parte está el extra que da la prerrogativa de poder emitir juicios de valor sobre los demás, sin exigirles en cambio que cesen a sus diputados y senadores imputados. Mientras los socialistas solo están obligados a dimitir cuando van a juicio oral, al resto se les exige incluso cuando no están acusados de nada, solo basta con conocer a alguien que lo esté para aguantar a un santo varón, puño en alto, pidiendo responsabilidades mientras con la otra acaricia a Chaves o Griñan. El PSOE da lecciones sobre corrupción con la misma soltura que  Farruquito enseñaría educación vial.

 

El hecho que en Andalucía se prejubile a gente que en su vida ha trabajado, y se pierdan miles de millones de euros destinados a financiar la lucha contra el desempleo y ayudar a los menos favorecidos, es menos grave que el que se produce cuando un señor particular, aprovechando la confianza depositada en él por su superior, tiene una cuenta con 50 millones de euros, de fondos de origen privado, en Suiza.

 

Sobre el famoso ocaso del bipartidismo me gustaría mandar un mensaje que en algunos caerá como un jarro de agua fría. La forma política donde los electores pueden elegir entre dos opciones políticas, goza de muy buena salud, en contra del criterio general, como demuestra el poder estar los 15 días que dura la campaña, insultando y diciendo que las propuestas del contrario son una locura y en el último minuto encumbrarlo como gran estadista. Puedes llamarlos populistas, anti demócratas, acusarles poco menos que de tener niños enterrados en el jardín, que llegado el momento de nombrar alcalde o presidente de Comunidad Autónoma, el incapaz de ayer, es el  mismísimo Abraham Lincoln del S. XXI, si lo que necesitas es que te apoye para la alcaldía.
Al final, como es normal, conseguimos que la gente acabe desganada y desencantada. Esta circunstancia en la que la gente ha perdido la fe en las elecciones es la consecuencia de no hacer los experimentos con gaseosa y hacerlos creando partidos políticos que, en la mayoría de los casos, se dejan engañar por el socialismo meloso, y en otros, simplemente demuestran estar llenos de incapaces. Tantas opciones para elegir en unas elecciones, y al final se resumen en dos, el Partido Popular o cualquiera de los otros que quede segundo, tercero o cuarto.
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