Dos dedos de frente

La propuesta de PODEMOS en la última sesión de control al ejecutivo, en la que se ha aprobado tramitar una subida del salario mínimo interprofesional de los 650 a 800 €, para 2018, despeja la duda que se podría tener sobre los dedos de frente que gastan los diputados de la izquierda española. Está claro que los 174 que conforman este bloque de intereses contrapuestos, y que responden a las siglas de PSOE, PODEMOS y nacionalistas varios, además de no tener ni idea de economía real (de la de divagar andan bastante bien), no alcanzan al mínimo  de dos dedos por cabeza.

Cualquiera que tuviera ese mínimo de sensatez, habría llegado a la conclusión de que subir por decreto el salario mínimo, es la mejor vía de destruir empleo, generar pobreza y aumentar a la desigualdad. A los nacionalistas, su ansía por destruir España se la entiendo, de PODEMOS tengo comprobada su ignorancia, y con esta votación, se acaba de confirmar que el PSOE tiene más de banda que no sabe dónde va, que de partido que un buen día gobernó España. El sentido común escasea en 174 señorías, y es muy triste comprobarlo a tres semanas de echar a andar la legislatura.

Se me acusa mucho de divagar, y es cierto en ocasiones, así que, para los impacientes, decirles a modo de resumen que la subida del SMI aumentara el paro, la pobreza y la desigualdad. Ya pueden dejar de leer si quieren. Para los más pacientes, ahí va mi explicación del porqué esta opinión.

Una subida del SMI, por encima de lo que los indicadores económicos consideran adecuado, lo primero que va a suponer es destrucción de empleo. Las empresas que no se puedan permitir adecuar sus precios a los nuevos costes, no les quedará más remedio que despedir gente, o incumplir la Ley y tirarse a la economía sumergida. Sea como fuere, aumentará el paro en todas aquellas que no puedan subir precios, y disminuirá la competitividad de las que exportan, ya que se verán obligadas a un alza de sus productos, como explicaré más adelante. Un ejemplo de esto es Alemania que destruyó, nada más y nada menos, que 60.000 puestos de trabajo por implantar un salario mínimo que no tenían, y por lo visto, no necesitaban.

Además de subir el SMI, todos los demás salarios deben subir en proporción, porque si no, podría darse la situación absurda de un puesto de menor cualificación gane casi lo mismo que el encargado, con lo que, al no subir solo los salarios más bajos, sino también los más altos, los incrementos de costes aumentarán en todas las escalas, siendo más altos según más asciendas.

Después del paro, viene la pobreza. Es evidente que esa gente que se va a la cola del INEM por la decisión política de unos insensatos, tendrá más difícil encontrar empleo cuando se vuelve a estar en una situación destrucción y no de creación como la actual. Además, las prestaciones se corresponderán con los salarios anteriores a la subida por decreto del SMI (cobras el 78% de los últimos 6 meses), lo que dejará una renta real mucho más baja, de cara a la inflación que se asegura vendrá.

Y por último la desigualdad, que unido a la pobreza, vendrá por la inflación causada por la elevación de costes. Una vez subas el SMI, las empresas que no puedan adaptarse ya hemos dicho que optarán por destruir empleo, y las que puedan hacerlo, lo harán subiendo precios para enjuagar esos costes añadidos. Al final, una vez subido el SMI, los precios subirán en mayor medida y por tanto la renta real, es decir, cantidad de bienes que se pueden adquirir atendiendo a los precios de estos y los recursos disponibles, será, en el mejor de los casos, la misma que antes de la subida. Será la misma para los que trabajan, pero muy inferior para los que no tengan empleo, que estarán peor que ahora.

Los que se hayan quedado sin trabajo, con prestaciones anteriores al decretazo, y los que no tengan ninguna por no haber trabajado o llevar más de dos años en el paro, verán como el acceder a bienes y servicios se habrá encarecido en la misma proporción, o más, debido al aumento de la recaudación por impuestos indirectos, parejo al alza de precios (el 21% de 100 es más que el 21% de 75 por lo que ese porcentaje añadido también subirá), en relación a lo que costaba antes. Les habremos encarecido el pan a los que no tienen rentas, y dejado igual, en términos reales, a los que sí tienen ingresos.

Y además, por si el atentado contra las clases medias bajas no fuera ya bastante cruel, está el ataque a las finanzas públicas.  En un momento que en Europa nos piden más ajustes, esta política aumentará el gasto público debido a que muchas ayudas están indexadas al SMI, y al aumentar este, estas también lo harán en esa proporción. Más gasto público, es algo inasumible ahora mismo, y menos por algo que se demostrará con el tiempo totalmente inútil.

Esta es la consecuencia de políticas que se han demostrado fracasadas en el mundo entero, y que aún así, la izquierda se empeña en importar. Hemos visto el ejemplo alemán, y podríamos analizar el griego. En Grecia, vemos diariamente lo bien que le ha ido con las políticas del amigo de Iglesias, y sobre todo, lo contentos que están los pensionistas.

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Fuente: Elaboración propia a través de  http://www.datosmacro.com

En cuanto al SMI que tienen algunos países desarrollados, el de EEUU es el 30% del salario medio; Francia, Alemania y Reino Unido lo tienen del 36%, mientras que en Noruega y Suecia ni siquiera tienen y no parece que les vaya muy mal por ello. En España, después de haber sufrido la crisis más que nadie, nuestro SMI es de casi el 35%, un 34,92 para ser exactos. Los datos demuestran que, con permiso del Reino Unido que por el precio de la Libra el salario medio es muy alto y de Alemania que no lo tuvo hasta antes de ayer, los países sin SMI son los que presentan un salario medio más alto. Algo harán bien.

España, gracias al PSOE (a PODEMOS lo conocemos y sabemos de sobra a que juega y lo que busca), corre el riesgo de perder todo lo avanzado. La demagogia solo trae hambre y miseria que pagaremos todos con otra crisis y otra recesión. Poco hemos aprendido en estos 8 años largos de crisis, y desde luego, seguimos buscando los malos ejemplos, y huimos de imitar a los que hacen las cosas bien.

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